viernes, diciembre 08, 2006

mc2: Me Cargo a los Clientes

© Cesar Quián, imagen cedida por La Voz de Galicia
Hoy le toca a La Casa de los Peces, también llamada Aquarium Finisterrae. Es el principal reclamo de la red mc2 compuesta por los 3 museos interactivos de Coruña. Los otros 2 son la Casa del hombre y la Casa de las Ciencias. Los 3 valen la pena, sobre todo con niños. Combinado con la Torre de Hercules, el Paseo Marítimo (-"¡Mi tesoooooooro!" -"¡Calláte Paco!") y la Ciudad Vieja, cualquier familia tiene en Coruña el destino ideal para una escapada de un fin de semana.

Ideal a condición de que no se tope con algunas de las actitudes absurdas de los - en teoría - encargados de satisfacer a los turistas para que vuelvan: aprovechando el puente y haciéndole caso a los de la Visa que dicen que cumplir una promesa hecha a un niño no tiene precio, prometí a mi hijo llevarlo el jueves (ayer) a ver a Gastón, el nuevo tiburón de 3 metros y 100 kg que se ha (ha sido) instalado en el Aquarium. Y por supuesto confiaba en Visa para pagar los 2 pases anuales - los cuales sí tienen precio: 20 € para mí y 10 para mi hijo - que nos iban a permitir acceder gratuitamente a cualquiera de los 3 museos durante un año entero.

Pues va a ser que no. El Aquarium Finisterrae lleva bien su nombre de Finisterrae: no tiene terminal para tarjetas de crédito. Una chica majísima (creo que de nombre Lorena) se disculpa de inmediato - cosa poco habitual - al comprender lo absurdo de la cosa y me indica que el cajero más próximo está... al lado de mi casa, es decir a 1 km (comprobado viamichelin.es) del museo. Por supuesto (ley de Murphy), estaba lloviendo.
Entonces se me iluminan los ojos al creer haber tenido una gran idea (cualquier cosa que me evitase 2 km bajo la lluvia con un niño de 5 años ES una gran idea). Me dirijo a la tienda de souvenirs al lado del mostrador y le pregunto si tiene terminal de tarjeta para poder pagar la entrada y no tener que ir a por un cajero. Respuesta: "No". Y punto. Extrañado por tanta contundencia (y poca amabilidad), le pregunto por qué. Respuesta 2: "No es lo mismo".

Evidentemente, cualquier persona a estas alturas sabe que este tipo de tienda suele estar alquilada, subcontratada o en régimen de concesión con lo cual no es la propia administración del museo la que la lleva. Pero no deja de ser sin embargo significativo el esfuerzo realizado para que parezca todo lo contrario: camisetas y polos a nombre de mc2, integración total en el propio recinto sin signos distintivos de ningún tipo del concesionario, etc.
En mi caso, el problema era exclusivamente (*) la comisión que les fuera a cobrar la entidad bancaria sobre el pago de los 30 €. Me parece que es alrededor de un 3% es decir 0,90 €, cantidad que me imagino el museo habría preferido asumir antes que mandar a un cliente - y ciudadano - andar 2 km bajo la luvia con un niño de 5 años.
Pues ni siquiera se evaluó esta posibilidad porque la dependienta de la tienda de souvenirs se limitó a imitar a Alejandro Sanz repitiendo "No es lo mismo" cada vez que yo abría la boca.

Anduvimos los 2 km, nos mojamos, y después de pagar y mandar al chaval a ver a los peces, pedí la hoja de reclamación por el motivo de siempre: "tenemos y tendremos las instalaciones que nos merecemos" + "el que calla otorga". La sorpresa salta cuando (¿Lorena?) me contesta que como organismo público no están obligados a tener hojas de reclamación. Sonrojada porque sabe que si bien está diciendo la verdad, la ley que lo permite es claramente una vergüenza: los servicios públicos, por definición, deberían de tener más obligaciones hacía los usuarios que los privados hacía sus clientes. Como alternativa, me ofrece una hoja con sello del Aquarium y me entrega a continuación una fotocopia de mi queja. No sin antes confirmarme que no soy el primero en qauedarme en la puerta por no poder pagar con tarjeta y que ya han pedido reiteradas veces al ayuntamiento estar dotados de un terminal de estos. No hay duda de que estamos ante una persona que por una parte como empleada no puede hacer más de lo que le dejan, pero por otra parte también busca la manera de hacer todo lo que puede dentro de estos límites para tratar bien al cliente. ¿Os acordáis de aquella época en la que "el cliente era el rey/mandaba"?. Todo lo contrario de su compañera de la tienda de al lado.

Y hablando de ella, cuando fui a pedirle la hoja de reclamación (como entidad privada, ella sí que está obligada a tenerlas), ¿a que no adivináis su respuesta? "Tienes que pedirlas en el mostrador del museo"
¿Pero no habíamos quedado en que no era lo mismo?


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(*) Por si tuviera alguna influencia, mi tarjeta es de débito con lo cual el importe se carga de inmediato en mi cuenta.