lunes, enero 09, 2006

Renfe: el viaje a ninguna parte (II)

Además de lo mencionado anteriormente, Renfe me ha dejado de piedra estos días. Insisto: eso de que para recorrer 210 km el bus tarda hasta 4 horas menos que el tren no es nada en relación con lo ocurrido a continuación. La historia se compone de 2 episodios:

31-dic-2005: Me encuentro en este famoso tren A Coruña - Ponferrada - Irún - Hendaya. El tren sale de Ponferrada con 1h40 de retraso. La chica muy maja de la taquilla me explicó (a petición mía) antes de salir que con 61 minutos de retraso, Renfe reintegra al viajero el 50% del importe del billete. El 100% si se llega 91 minutos más tarde de lo previsto.
Llegamos a Irún sobre las 22h00 en lugar de las 20h35. Yo había cogido billete para Hendaya pero el revisor me informa de que hoy el tren se queda en Irún. Porque sí. Antes habíamos evocado la posibilidad de que les hiciera un favor bajando en Irún pero ahora la cosa es firme: da igual que quiera o no. Me habla de coger a continuación el Talgo Madrid-Hendaya. Viene "pegado a nosotros" me dice: nunca lo llegué a ver.
Es nochevieja, 22h30, llueve a cántaros y tengo que ir de Irún a Hendaya andando. Son cerca de 2 kilometros. Me pierdo en el camino, se me rompe una de las ruedas de mi bolso. El bolso y yo estamos completamente empapados. Me ... en Renfe.

07-ene-2006: Estoy de vuelta a España. Llego a la estación de tren de Irún con la lógica, legal y legítima intención de que me devuelvan el dinero de aquel billete. Está fue más o menos la conversación:
El jefe de estación: "Aquel dia llegaste exactamente a las 21h51, es decir con "sólo" 84 minutos de retraso (y no 91) con lo cual sólo tienes derecho al 50% del importe."
Yo: "En efecto (no lo apunté pero no tengo motivo para no creermelo), se llegó a Irún con 84 minutos de retraso pero, ¿Con cuánto retraso hemos llegado a Hendaya?"
Jefe de estación: "El tren paró en Irún y no siguió hasta Hendaya."
Yo: "¿Y no cree Usted que no llegar nunca a su destino es un retraso superior a 90 minutos?"
Jefe de estación: "Lo siento, sólo puedo devolverle el 50% de su billete" (típica reacción de no responder a la pregunta clave porque no conviene y repetir lo anterior lo cual nos recoloca al principio de la conversación)
Yo (enfadado por la actitud): "¡Resumimos! Además de sumar 84 minutos de retraso, dejáis colgado a un cliente a 2 kilometros de su destino bajo la lluvia en plena nochevieja. Y ahora estáis manipulando la verdad para no devolver los otros 16 miserables euros (el 50% restante de los 32 € que me costó aquel billete). Eso sólo lo pueden hacer los sinvergüenzas. ¿Es una broma pesada o una camera oculta? ¿Usted se da realmente cuenta de lo absurdo de su repuesta y actitud? ¿Y de lo indefenso que se puede sentir un viajero en está situación?"

El jefe de estación siguió en sus trece con la misma actitud tipo "el que está no manda y el que manda no está". Me marché después de haber rellenado el libro de reclamación. Estamos puteados a diario por unos cretinos sin conciencia personal ni profesional. Es injusto y llega al limite del maltrato psicológico continuo. Callar es acatar: no pienso apoyar con mi silencio a estos sin vergüenzas.