domingo, abril 09, 2006

(In)justo medio: ¡Pon una opinión en tu vida!

Hay tópicos que matan, y otros que rematan. Lo último ocurre cuando un tópico sirve para contrarrestar a otro tópico. Vamos, que uno cree hilar fino y no se da cuenta que es tan o incluso más espeso que su antecesor.

Un clásico es el eterno centrista. El se considera moderado (hasta se cree moderador) porque siempre está en el medio de las opiniones. Será el primero en soltar que "no todo es blanco o negro". Incluso con el tiempo algunos se han aprendido la palabra maniqueísmo. Pero tanta sabiduría se va de inmediato al traste cuando ves que para denunciar a dos extremos se sirven de un tercero: el justo medio llamado así no porque sea justo sino porque está exactamente en el medio. Se olvidan de que la verdad no entiende de números redondos: ni 0, ni 100... ni 50.
Por eso no confio en está gente que resuelve cualquier debate con un "ni tanto ni tampoco". Me repatean estos nuevos radicales que zanjan toda discusión política con un dogma tipo "el PSOE y el el PP son la misma mierda." Igualitos a los que piensan que Windows y Linux son 2 sistemas operativos distintos "cada uno con sus defectos y cualidades" o que "ni la SGAE es el diablo ni los internautas son unos santos". A todos estos habría que añadirles la casilla "centrista" o, lo que viene a ser lo mismo, "no sabe pero contesta".

Así que, desestimado eterno centrista ¿Verdad que cuando usted compre una pantalla de ordenador, no le bastará con que al blanco y negro le añadan el gris? ni siquiera la "escala de grises"? Verdad que exigirá que tenga sus 16.000.000 de colores? Pues plantéense tener también una gama cromática-cerebral de 16 millones de opiniones: recuerden que no todas las mierdas huelen igual así que habrá de votar a la menos insoportable, que defectos y cualidades tenemos todos pero no en las mismas proporciones, y que descargar música por la cara no es exactamente igual de grave que pretender vivir de la "sopa boba".

Si bien las opiniones extremistas son en general fruto de la ignorancia, apuntar siempre al centro es peor aún: a la ignorancia se le suma la cobardía. ¡Pon una opinión en tu vida! (y si la riegas con argumentos, mejor aún)

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