lunes, junio 20, 2005

¿Qué hacemos con el voto emigrante?

Las elecciones gallegas acaban de terminar, la polémica acaba de empezar: El voto emigrante parece estar a punto de 'decidir' el resultado de dichas elecciones.

Empezaré con una pequeña paréntesis: al contrario de lo que se va diciendo por ahí sobre que, cito, “va a decidir el voto emigrante”, que quede claro que el último en votar NO es el que decide; decidir, decidimos entre todos. Lo que pasa es que el voto emigrante cobra mayor protagonismo al conocerse después de todos los demás. Pero sus votos cuentan igual que cualquier otros. Ojo con estos matices que, por mucho menos, algunos acabaran echando a los emigrantes a los leones.

El debate sobre la legitimidad (la legalidad esta clara) del voto emigrante esta abierto. Como nos tiene acostumbrada la televisión hoy en día, parece que sólo hay 2 opciones en esta vida: Blanco o negro, conmigo o contra mi, es decir: que voten o que no voten los emigrantes. A mi me parece absurdo que vote alguien que lleva 25 años sin pisar Galicia. Y también me parece absurdo no dejar votar a un estudiante porque se marcha un año estudiar a Inglaterra. Así que maticemos un poco y no seamos extremistas: El tema, en realidad, es una cuestión de reciprocidad:

- El problema: ¿Porque puede votar un tío que se ha ido a vivir a Argentina pero NO puede hacerlo uno que vive en Aragón (por ejemplo)? Sencillamente porque el "gallego aragonés" tiene derecho, gracias a la ley española, a votar en Aragón mientras que el "gallego argentino" no puede votar en Argentina debido a que la ley argentina no se le permite. Así que lo único que le queda es votar en Galicia. Porque esta claro que sería de muy mal gusto retirárselo; ¡no podría votar en Argentina por ser gallego pero tampoco podría votar en Galicia por vivir en Argentina!

- La idea: Se dice que la vaca es de donde pace, no de donde nace. Aunque cada uno debería de ser libre, en cierta medida, de poder elegir el color su prado. Eso consiste en crear acuerdos de reciprocidad entre los países: "Tu dejas votar a los míos en tu país y yo dejo votar a los tuyos en el mío." De esta manera, el “gallego argentino” puede decidir si quiere participar en los comicios gallegos o argentinos, el “francés gallego” (= yo) decide que quiere votar aquí porque se siente gallego (y además, le importa 3 pepinos lo que ocurre en Francia) y el “gallego aragonés” se decanta por su “ser gallego” o su “estar aragonés” según vea.

- Los parámetros: Eso de decidir esta bien a condición de que la cosa se mueva dentro de unos parámetros razonables. Se podría dar el caso de que uno se fuera apuntando a uno u otro país/región según toque elecciones. Me parece claro que no se puede otorgar el derecho de voto a alguien que acaba de llegar, ni se le puede mantener a uno que lleva una eternidad viviendo fuera.

- El resultado: Si cada constitución o ley orgánica electoral permitiese votar a todos los extranjeros con cuyo país de origen exista un acuerdo de reciprocidad y si este derecho de voto necesitase de unos 4 años mínimo de residencia (1 legislatura) y se perdieran automáticamente después de 8 años (2 legislaturas) de no-residencia, la cosa sería mucha más justa a mi modo de ver. ¿O no?

- El comentario: Es una vergüenza que la constitución europea que nos hicieron votar hace poco ni siquiera contemplase un acuerdo de reciprocidad electiva entre los habitantes de los países de la Unión Europea. Se nota que los que la redactaron no cobran por objetivos.

Fdo.: O Gabacho Reconvertido En Gallego.