lunes, julio 25, 2005

Tu libertad, mi libertad (I)

Cuando 2 personas se echan a la cara una a la otra “su libertad”, nunca (o casi, pues las excepciones existen pero sólo son excepción-ales) ninguna de las 2 se dejará convencer de que la otra parte puede tener razón. Es una cuestión de segundos para que una de las 2 diga: “Tu libertad termina donde empieza la mía” a lo que la otra contestará: “Exactamente, dónde empieza la mía”. Entonces, el resto de la conversación ya no tiene interés ninguno.


1º capítulo: Fumador / No fumador.

- El fumador revindica “su libertad de fumar” incluso si dicha libertad le puede matar ya que le matará a él y no a otros con lo cual no tiene la sensación de que invada la libertad de terceras personas.
Su argumento, cuando se le pide que apague su cigarrillo/puro/pipa o que fume en otro sitio suele ser: “Si te molesta, ve a otra parte. Aquí no hay ningún cartel que prohíba fumar” o a veces “No tengo la culpa de que te moleste el humo. Hay mucha gente a la que no le molesta”

- El no fumador revindica “su libertad de NO fumar”, ni siquiera de manera pasiva y estima que eso es una intrusión en su libertad”
Su argumento, cuando se pide al fumador que apague etc... suele ser: “No tengo porque tragar su humo si no quiero”

Al final, hay necesidad de legislar sobre el tema ya que los 2 grupos no se ponen de acuerdo. Porque esta claro que si hubiera más sentido común, harían falta y habría menos leyes…

Si bien es igual de verdad que el fumador tiene derecho a fumar mientras que el no-fumador tiene derecho a no ser “ahumado”, cuando los 2 están al lado uno del otro, una de las 2 libertades tiene que prevalecer sobre la otra. Para analizar este tema, hay que determinar algo tan sencillo como quién altera el estado natural/inicial de la cosa (± quién comete la agresión primero). El fumador produce el humo mientras que el no fumador reacciona a este humo producido. El fumador es entonces el causante activo del problema ya que el estado natural del aire es “sin humo”: es él que tiene que ceder siempre frente al no-fumador. Con esta misma argumentación, si uno llega a un bar totalmente lleno de humo de tabaco, no puede pretender que se abran las ventanas para ventilar y que todo el mundo deje de fumar para que él se pueda tomar su café sin humo.
Algunos contestarán que entonces, van a llegar antes que todo el mundo a la oficina y ahumarla para que su estado inicial sea “ahumado” y les dejen fumar en paz. El error esta en qué en el caso del bar, se trata de sitio de frecuentación optativo con lo cuál el estado inicial de la cosa se renueva cada día, incluso cada hora. Mientras que la oficina es de paso obligado con lo cual el estado inicial es el que se encuentra uno cuando lo contratan en esta empresa.

Desde otro ángulo: Pitillo vs. Fabada
Y sino me creéis, vamos a desdramatizar un poco la cosa y cambiar el pitillo por los pedos. Si señores fumadores, imagínense que me siento a su lado en la barra y me salen una serie de flatulencias ruidosas y apestosas. Dudo mucho que cuando Ustedes me digan “cerdo, vete a echarte tus asquerosos pedos a otro sitio”, eso signifique que entienden que estoy ejerciendo mi libertad de aliviar mi estómago. ¡Y eso que estos gases, al contrario del humo de tabaco, son buenos para mi salud y totalmente inofensivos para la suya! Que conste que con eso no le estoy recomendando a nadie que conteste al humo con flatulencias ;-)


Todo este razonamiento valdría si tuviéramos enfrente a 2 personas razonables. Sin embargo, los drogadictos no razonan:
Soy un recién ex-fumador (3 meses). De la misma manera que un borracho casi nunca reconoce (ni se da cuenta de) que esta borracho, un drogadicto tampoco es realmente conciente de la profundidad de su adicción. Te hablarán de "gusto", hasta de "necesidad" pero no de "droga". Tampoco lo hacía yo. Me di realmente cuenta de la fuerza de mi "enganche" después de dejarlo. ¿Sabes este dicho de que uno NO sabe lo que tiene hasta que lo pierde? Pues es aplicable también para cosas negativas. Me di cuenta de que los fumadores son (no todos pero sí la mayoría) unos sinvergüenza cuando deje de fumar (*). Yo fumaba en el ascensor a las 8 de la mañana sencillamente porque, a pesar de las ganas, no podía fumar en casa antes (tengo 2 hijos, son más importante que cualquier droga). Nunca preguntaba si molestaba mi humo en un sitio cerrado por miedo a que me dijeran que sí y no pudiese fumar (aprovechándome de que a la gente le suele dar palo pedirte que apagues el pitillo).

Conclusión: El que cree que si fuera fumador, respetaría a los no-fumadores se equivoca. Porque si fuera fumador, además de fumar, dejaría de ser esta persona civilizada que es para convertirse en alguien a quien cada x minutos le entra el mono del tabaco. Sería un drogadicta (droga blanda, pero droga) Y hay muy muy pocas cosas que le pueden ganar la partida al mono. La buena educación NO es una de ellas.

(*) por eso los ex-fumadores son/somos los menos tolerantes: porque saben/sabemos que los fumadores son unos impresentables.